[Archive] Because it's there
May 25, 2026
Nueva York, marzo de 1923. Un periodista del New York Times le pregunta a George Mallory por qué quiere subir al Everest. Mallory ya ha estado dos veces y volverá una tercera, en 1924 y de esa no bajará. Contesta con tres palabras: "Porque está ahí".
Esas tres palabras se convirtieron en la frase más repetida de la historia del montañismo. Son una declaración de principios: el desafío por el desafío. El ser humano responde a la llamada del reto.
Casi un siglo más tarde, otra criatura camina hacia una montaña. En 2007 Werner Herzog rueda en la Antártida a un pingüino que se separa de su colonia y echa a andar tierra adentro, hacia unas montañas a setenta kilómetros. En esa dirección no hay comida. No hay nada, sólo las montañas. Un ecólogo explica que, aunque lo atraparan y lo devolvieran al mar, el pingüino volvería a poner rumbo “right back for the mountains”. But why?
Ver la escena — Encounters at the End of the World (Werner Herzog, 2007).
El año pasado ese pingüino se hizo viral. Y aquí está lo interesante: la gente no vio una marcha hacia la muerte por una posible desorientación. Vio una leyenda. Un animal caminando hacia las montañas se convirtió, en cuestión de días, en un símbolo. Ir hacia la cima cueste lo que cueste. Una gesta. Un camino al vacío de la montaña.
Observando ambas historias parece que a veces el hambre de épica es tan fuerte que reescribe lo que ve, y colgamos un Valhalla sobre cualquier final.
Pero hay otra forma de verlo, las creencias son lo que da sentido a aquello que, en crudo, no lo tiene. Salir a navegar en la Grecia clásica creyéndote descendiente de Odiseo no es lo mismo que soltar amarras a secas. El mar es el mismo. El gesto es el mismo. Lo que cambia es la historia que llevas dentro, y esa historia no es una mentira que haya que desmontar: es lo que convierte el acto en vida.
Camus diría que el gesto está desnudo, que el universo es indiferente y que arriba no nos espera ninguna cima con sentido. Y tiene razón. Pero donde él pedía vivir sin apelar a nada, uno puede creer en el absurdo y aun así escoger la creencia: saber que la montaña no significa nada y subirla como si lo significara todo. No porque te engañes. Porque lo eliges.
Sin embargo, no todos los días arde esa creencia. Hay épocas en que te comes la roca: te acuestas repasando los movimientos de la vía y acabas volviendo de noche fundido después de matarte a pegues. Pero también, hay otras en que el crux no es el paso del monodedo, ni el cruce al hombro. EL paso dificil es preparar la mochila y salir. Pero vas igual. No porque la pared te llame por tu nombre, sino porque, en algún sitio, sigues creyendo que presentarte construye algo.
El motor de una vida deportiva no es la inspiración, que va y viene como el tiempo. Es la constancia. El perdurar. El acto de presentarse. La montaña está ahí. Tú estás aquí. Vas. Lo que signifique ese ir lo decides tú.
Mallory murió a unos doscientos cuarenta metros de la cima. Nunca sabremos si llegó. La frase, en cambio, nos llegó a todos: sobrevivió a la cumbre que quizá no pisó. Puede que la cima siempre fuera lo de menos. Lo que no falla es decidir creer que subir significa algo.
— grava
[fecha] 25.05.2026