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Wolfgang Güllich y la primera tabla del campus board, Núremberg 1988 Wolfgang Güllich y la primera tabla del campus board, Núremberg 1988

[DESIGN] DIETER RAMS Y EL CAMPUS BOARD

[CATEGORY]DESIGN
[POST]03
[DATE]01.06.2026
[TIME]08:00 CET
[READING]~5 MIN
[AUTHOR]grava
[TAG]REFERENCE
[LANG]ES

Frankenjura, 1988. Wolfgang Güllich se enfrenta a un problema: Action Directe. Quince metros, desplome de cuarenta y cinco grados, monodedos y bidedos en serie. Una secuencia que sus tendones no aguantan. Tiene dos opciones: cambiar de objetivo, o ponerse más fuerte. Elige la segunda y construye la herramienta que le falta.

Núremberg, 1988. Unos listones de madera atornillados a una pared desplomada. Contrachapado sobre un bastidor, listones horizontales espaciados a la misma distancia, ligeramente desplomado. Una herramienta con una función. Ninguna concesión. Solo la sensación del instrumento bien construido.

Cuatrocientos kilómetros al norte, en Frankfurt, otro alemán decía Weniger, aber besserless but better, llevaba treinta años haciendo lo mismo en otra disciplina. Dieter Rams, jefe de diseño de Braun no predicaba sobre minimalismo estético; afirmaba una regla operativa. Reducir hasta que solo quede lo que cumple. Louis Sullivan ya había formulado esta idea sobre la funcionalidad en 1896¹, y Le Corbusier la llevó al extremo en 1923². Rams la heredó, la depuró y la sacó de la arquitectura para meterla en los objetos cotidianos. Se formó como arquitecto, pasó por la escuela de Ulm —la heredera alemana de la Bauhaus— y dirigió el departamento de diseño de Braun desde 1961, supervisando objetos de uso cotidiano durante tres décadas. Todos respondían a la misma idea. Un buen objeto no nace de un catálogo de posibilidades sino de un problema definido. La forma no se elige: se descubre eliminando todo lo que no resuelve.

Lo que ocurre en Núremberg en 1988 es exactamente eso, en otro plano: el de la escalada. Los primeros listones fueron palos de escoba cortados por la mitad. Nada más. La forma más sencilla y más exacta de resolver el problema. Los listones del Campus no son una idea general sobre el entrenamiento: son una traducción literal de las exigencias de Action Directe a la madera. Güllich llegó a añadir bidedos a la tabla para replicar los agarres concretos de la vía. La ausencia de pies aísla lo único que importa en esa secuencia: la fuerza de contacto en los dedos —la capacidad de reclutar fuerza máxima en el menor tiempo posible— y el tiempo de bloqueo en los brazos. Güllich no inventa la pliometría —existe desde los años cincuenta en la escuela soviética de atletismo—; la traslada por primera vez al sistema flexor de los dedos. El ciclo de estiramiento-acortamiento aplicado a una falange. La tabla no se diseña para entrenar escalada. Se diseña para escalar Action Directe.

Entre la invención del campus y la primera ascensión pasan tres años. El 14 de septiembre de 1991, la vía cae en dieciséis movimientos y unos setenta segundos. Güllich lo resume: «11 días de pegues, pero meses de entrenamiento». La frase describe una relación: lo que se ve dura segundos; lo que lo hace posible, años.

Aquí está la parte que importa, y que tiende a contarse al revés. La paciencia no es esperar. La paciencia es construir. Quedarse en un problema el tiempo suficiente para entender qué herramienta exige, y luego fabricarla. Rams lo hizo durante cuarenta años en Braun: cada radio, cada tocadiscos, cada exprimidor nació de un problema concreto del usuario, no de una forma elegida de antemano. El décimo y último de sus principios lo dice sin adorno: tan poco diseño como sea posible. Lo mismo que cuelga en una pared de Núremberg en 1988.

Lo genérico envejece mal. Lo concreto, perdura.

La herramienta más específica de la historia de la escalada —diseñada, en una zona de Alemania, por Güllich— acabó colgada en todos los rocodromos del mundo. La primera repetición de Action Directe llegó cuatro años después. En más de tres décadas, algo más de una treintena de personas la han encadenado. El campus board se volvió universal por resolver algo de un modo creativo, funcional y exacto. Lo mismo le pasó a Rams: la radio de bolsillo que diseñó en los sesenta acabó inspirando, como algunos dicen, décadas después, la forma del primer iPod.

Lo que se diseña bien para un problema exacto sobrevive a su problema. Lo que se diseña para un solo problema, si se diseña bien, acaba sirviendo a todos.

[NOTAS]

1. La idea de que la forma de un objeto debe deducirse de su función, y no de un estilo heredado, viene de la arquitectura. La enunció el americano Louis Sullivan —padre del rascacielos, maestro de Frank Lloyd Wright— en su ensayo de 1896 «The Tall Office Building Artistically Considered»: «form ever follows function», la forma sigue siempre a la función.

2. Le Corbusier la radicalizó en «Vers une architecture» (1923) con la fórmula «une maison est une machine-à-habiter»: una casa es una máquina para habitar. La frase se ha leído durante un siglo como funcionalismo frío, pero su intención era más matizada. Lo que admiraba de los coches, los aviones y los transatlánticos era su lógica: formas depuradas por la economía y el propósito, sin ornamento heredado. Era, sobre todo, una provocación contra los arquitectos de su tiempo, que seguían diseñando en estilo gótico o clásico —«a veces es bonito», escribió, «pero no siempre». Aun así, no despreciaba la belleza: distinguía al ingeniero, guiado por el cálculo, del arquitecto, capaz de ordenar esas formas hasta convertirlas en emoción. La función depura la forma; el oficio la eleva a belleza.

— grava

[FECHA] 01.06.2026

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